Políticos y deporte

A veces me pregunto que hace un político en las gradas de un partido de fútbol al lado del presidente del mi equipo.

Los que llenan los estadios de fútbol proceden de todo tipo de clases sociales, de todo tipo de gremios o profesiones y son cada uno de su padre y de su madre y lo que les une, además del amor por sus  colores, es que todos pagan su entrada y se acomodan en sus butacas, las que se han podido costear con sus ingresos, haciendo una parada lúdica ganada después de rascarse el bolsillo con esfuerzo.

El partido va a comenzar, mi hijo y yo no aseguramos de que el bocadillo está en cada uno de nuestros respectivos bolsillos. Hoy nos ha preparado mamá uno de panceta convenientemente protegido por una envoltura plástica para no manchar la ropa deportiva de nuestro equipo, que nos viste.

Comienza el partido y todo el estadio puede ver como las gradas enfrente en el palco presidencial se llenan de políticos. Realmente no se si gestionan bien su oficio, no se si fueron o no votados, ni si mejoran o no la situación de los que vivimos en la ciudad, provincia, comunidad autónoma o país; pero lo que si se es que no se me antoja cual es el motivo que justifica darles ese privilegio que se encuentra alejado de la actividad para la que fueron elegidos.

Que es lo que hace que políticos de uno u otro cuño sienten sus posaderas en los palcos presidenciales de nuestros equipos? Quizás aumentan la práctica deportiva o de esta forma promueven nuevas instalaciones deportivas en las escuelas, quizás es un pago en especie por ser quién son o puede ser un servilismo al poder en general. Sea cual sea el motivo considero que una prerrogativa que la sociedad en su conjunto, como dicen ahora los políticos, no ve con buenos ojos.

No hay ninguna razón para que esta situación se produzca y creo que no hace ningún bien a la sociedad. Se les concede un tipo de privilegio que está fuera de toda acción relacionada con la actividad para la que fueron investidos y en vez de ser percibidos como servidores públicos, en vez de presidir eventos deportivos sin ánimo de lucro y favorecer con su ejemplo la práctica de los deportes, se produce con ellos un servilismo que está carente de sentido y que es apreciado por los aficionados como un desagradable efecto lobby para ganarse la simpatía del poder.

A disfrutar!

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