Mente y agua

La amígdala

La amígdala

La amígdala que forma parte del sistema límbico en lo que podemos considerar la parte de nuestro cerebro primitivo, el cerebro reptiliano, tiene como papel principal el procesamiento y almacenamiento de nuestras reacciones emocionales.

Muchas investigaciones indican que esta zona de nuestro cerebro, ubicada entre el hipocampo y el hipotálamo, configura asociaciones con recuerdos de estímulos anteriores que reaccionan en actitudes de condicionamiento, por ejemplo de tensión o miedo, de tal manera que estos recuerdos de experiencias emocionales que han dejado huella en las conexiones sinápticas gobiernan en futuras conductas asociadas mediante conexiones con el núcleo central de la amígdala.

A través de los tiempos el cerebro ha ido evolucionando a sistemas superiores y más complejos capaces de pensar de forma mucho más expansiva y creativa, pero la principal tendencia del cerebro de lagartija es más primitiva y elaborada intentando mantenernos alerta y evitar de forma rápida toda posibilidad de riesgo.

El núcleo central en la reacción de respuesta al miedo o al estrés, incluidas la paralización, taquicardia, aumento de la intensidad de la respiración y liberación de hormonas del estrés, de forma casi automática configura nuestros actos en situaciones que son similares. Cuantas veces nos hemos visto involucrados, incluso nosotros mismos, en reacciones que consideramos exageradas ante un estímulo aparentemente banal?

“El objetivo de estas reacciones es la supervivencia, y la amígdala nos ayuda a seguir vivos al evitar situaciones, personas u objetos que ponen en peligro nuestra vida”, explica Justin Feinstein, investigador en la Universidad de Iowa (EE UU).

En el kárate nos seduce de nuevo recurriendo a una metáfora, como en muchas otras ocasiones, para determinar la situación que considera de alerta perfecta: “una mente como el agua”. Veamos como.

Si tiras un guijarro a un estanque de aguas serenas, observarás el agua siempre responde de forma inmediata con una fuerza equilibrada, y una vez pasado el impulso recupera la actitud de calma.

Cuantas veces en discusiones de pareja, en las relaciones paterno-filiales o en otros momentos de tensión, nos podemos dejar llevar por la lagartija, el cerebro reptiliano, y alcanzamos a perder las riendas en una actitud inapropiada, exagerada y desproporcionada que por defecto o por exceso puede dominarnos, y con frecuencia lo hace. Son reacciones que nos llevan a obtener unos resultados menos eficaces de lo que habríamos esperado. En estas situaciones los músculos tensos son lentos y poco efectivos, por eso tener la mente despejada y ser flexible y equilibrado como el agua son esenciales aspectos de comportamiento.

Quizás puedas comprender (y lo digo por experiencia propia) que el cerebro de lagartija siembra dudas a la hora de tomar decisiones que pueden generar desaconsejables cambios en nuestras vidas. Claramente estos sistemas de auto protección fueron extremadamente necesarios en los días donde el ser humano vagaba por los campos buscando alimento e intentando no formar parte del alimento de otra especie, pero hoy las cosas han evolucionado y son algo más complejas.

Amigos y amigas a disfrutar!

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