Eres boca u oreja

Y tú, que usas?

Y tú, que usas?

En más de un caso he podido sentir como se nos va vendiendo que, bajo el mandato de que “somos esclavos de nuestras palabras y dueños de nuestros silencios”, las personas que poseen grandes dotes de mando prefieren ser lacónicas a la hora de dar su opinión, y como zorros habilidosos suelen guardan silencio en sus parlamentos.

Para ser un gran líder no cabe ninguna duda que hay que saber escuchar, Siempre es conveniente y generalmente útil el poder contar con el sentir de cuantos más integrantes del grupo de trabajo con los que estamos trabajando, dejando que cada uno exponga su opinión sobre que, como o cuando hay que hacer algo. Contar con todos y tener acceso con antelación a todos los puntos de vista relevantes, nos permite, tener más tiempo para forjar una forma de pensar, haciendo con lo servido por los otros anteriores a uno, un grupo sumatorio de los razonamientos posibles que nos permitirá conocer de primera mano que es lo que piensan antes de emitir nuestra opinión.

Pero eso no lo es todo. La palabra es el medio de persuasión por excelencia y de un líder se espera que la ofrezca para poder ser valorada, haciéndolo además con contenidos propios del que está a cargo de un proyecto.

Personalmente he conocido a algunos de aquellos cara de palo, y tiendo a pensar que todos ellos, y digo todos sin excepción, van aportando sus silencios de una forma irresponsable, conduciendo su grupo y sus propósitos por falta de claridad y debate a un desastre monumental de difícil recuperación.

Muy probablemente su capacidad de reacción en circunstancias adversas ha sido como la de una barriga cervecera ante una espantada de toros pues o no tenían nada que aportar o parapetados en su posición preferían usar por egoísmo las orejas a la boca dando una falsa y desastrosa imagen de inteligencia.

Como bien dice Joaquín Llorente, uno de los grandes publicistas del mundo, la oreja es el receptáculo de la obediencia. Por ella entran entre otros los mandatos y las miserias expresadas oralmente.

La boca “sin encambio”, curioso giro lingüístico que usa un retorcido amigo mío al que prefiero no nombrar, es un órgano emisor por el que circulan los pensamientos hacia los demás y es contagiosa su influencia, mucho más que los silencios de la escucha.

Siempre hay que manifestar nuestra opinión. Ya que cuando esta capacidad oral no se manifiesta porque no existe o se desprecia es cuando los líderes pueden convertirse en dictadores, algo así como ese mazo de madera de la justicia que se arroja sobre la tabla sin emitir una sola palabra.

Se exigen (jej.) comentarios en este blog.

Amigos y amigas a disfrutar!

3 Comentarios

Beatri dijo:02 mar. 2014

Muy claro el concepto, gracias. Por lo general soy mas boca q oreja, sin embargo… también trato de ser oreja, pienso q el buen y atinado uso de ambos es lo más lo mas beneficioso.

Responder a este Comentario
Jos dijo:04 mar. 2014

Como soy obediente, comento ;)
Tal vez estamos ante el mismo caso de si preferimos o somos actores o espectadores. También creo que va un poco con el carácter de cada uno. Yo personalmente cada vez me cuesta más no decir nada, después me lo reprocharía a mi mismo.
A veces hace falta valor y fuerza de voluntad para saber sufrir en silencio, y otras para hablar con voz alta y clara para que la justicia brille. Y sin pensar en las consecuencias, no se puede estar siempre nadando y guardando la ropa.
Además la vida si no puede ser muy aburrida, ¿no?
Gracias.

Responder a este Comentario
    Ra dijo:07 mar. 2014

    Siempre “Actor” Jos.
    Para guardar silencio está la sacristía, y no siempre.
    Saludos y a disfrutar!

    Responder a este Comentario

Deja tu Comentario