Analfabetos emocionales

_plumaEs poco frecuente escuchar una conversación en las familias sobre la inteligencia emocional y tampoco es una asignatura que se enseñe en las escuelas por lo que, en consecuencia…, bastantes de nosotros somos unos analfabetos emocionales. No solo parecemos incapaces en muchos casos de manifestar nuestras emociones, si no que incluso es frecuente la aparición del trastorno patológico que impide reconocerlas.

Como ya hemos hablado en otros post la inteligencia emocional en parte es aprendida, lo cual permite que con la práctica de una serie de ejercicios podamos potenciarla ya sea en un sentido o en otros. Existen muchas formas de conseguirlo. Veamos algunos.

  • Comentar las emociones: El cerebro emocional, es decir el hipocampo y la amígdala realizan su trabajo, en las ocasiones en las que se produce miedo, inseguridad o tensión, mediante un análisis rápido en el que han de decidir como se presenta el clima emocional que nos rodea para así determinar se es urgente producir una respuesta ante el peligro o por el contrario no. Los procesos de aprendizaje vividos durante ocasiones similares anteriores marcan la pauta de nuestra respuesta futura, pero ojo! porque no hay término medio, y si la decisión cae del lado del peligro en muchos casos en los que no es realmente precisa la reacción puede ser considerada extrema. Los marcadores somáticos conectan la emoción y la decisión, y en consecuencia se pueden producir reacciones desproporcionadas de la amígdala. Si por el contrario ponemos nombre a la emoción y activamos la parte derecha ventral de la corteza prefrontal (con el neocortex) y hablamos de lo que sentimos disminuimos la reacción de la amígdala desactivando esa sensación de amenaza que no es tal. Eso es parte del autocontrol positivo. Casi siempre, creo, reímos poco y lloramos menos con los demás de lo que nos podría beneficiar.
  • Aprendamos del exterior: pienso que es enriquecedor realizar y practicar el autoconocimiento y en muchos casos aprender a escuchar nuestra emociones y las de los demás nos permite comenzar a analizar mucho mejor sus consecuencias. Examinar con tus amigos y familiares estas emociones, comentar como fluctúan en la mente y compiten con la razón fortalece el conocimiento emocional y el de los tuyos. Siempre es bueno poner en práctica charlas en las que se habla con los hijos o con la pareja sobre como nos sentimos.
  • Liberar las emociones: las emociones fluyen y no conviene mantenerlas encerradas pues no nos ayudan a reducir la intensidad emocional del momento que nos invade y pueden dañar nuestra salud mental y física. Dejémoslas salir, manifestarse y salvo en situaciones muy especiales en las que no se aconseje o si son excesivamente intensas, al hacerlo te sentirás mejor.
  • Nunca comas solo: debido que somos seres sociales aprendemos de nuestras relaciones. Dejar de lado durante un buen rato el teléfono, la tableta o el ordenador y reunirte con tu gente. Gente que te comprenda y te aporte. Todo se contagia y los buenos momentos con otros seres humanos, sobre todo si nos son próximos, siempre contribuirán a conocernos mejor.

Tú mismo decides el curso del timón y equilibrando tus ondas cerebrales con las de los demás puedes elegir como sentirte en cada momento de tu vida.

Amig@s, a disfrutar!

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