Timidez

audaz

La mayoría de nosotros somos en alguna u otra medida tímidos, deseamos evitar la tensión, nos asusta el conflicto y no logramos distanciarnos lo suficiente del deseo de todo ser humano de querer gustar a todos.

Lo podemos disfrazar de lo que queramos pero lo que realmente ocurre es que estamos sometidos en nosotros mismos, preocupados solo por nosotros mismos, así como por la forma en que otros nos perciben.

Muy pocos nacen audaces, Napoleón tuvo que cultivar este hábito en el campo de batalla, donde sabía además que el asunto era algo de vida o muerte. En el ámbito social era torpe y tímido; pero consiguió vencer su timidez y terminó practicando la audacia en cada uno de los ámbitos de su vida pues veía su tremendo poder y cómo podría literalmente engrandecer su nombre.

Al practicar y desarrollar la audacia a menudo encontraremos su utilidad. Para ello y el mejor lugar para empezar es casi siempre el delicado mundo de la negociación, particularmente aquellas situaciones en las que se nos pide que establezcamos nuestro propio valor, pues muy a menudo nos rebajamos y nos valorándonos muy por debajo de la realidad. Cuando Cristóbal Colón propuso que la corte española financiera su viaje a las Américas formuló de paso la absurdamente audaz petición de que se le nombrará gran almirante de la Mar Océano y la Corte de España aceptó su precio.

Probemos a establecer un alto valor y después elevarlo todavía más, ya que si la timidez se apodera de uno la mejor forma que hay es desarraigarla.

Pienso que el miedo a las consecuencias de una acción audaz resulta desproporcionado con la realidad y de hecho creo que las consecuencias de la timidez son, desde luego, aún mucho peores. El valor propio se ve reducido y se crea un círculo de duda desastroso que se autoalimenta de forma constante, perpetua.

La timidez es peligrosa y es mucho mejor entrar con audacia pues cualquier equivocación que se cometa por audacia puede resolverse fácilmente con más audacia. Si no tenemos claro qué camino seguir para llevar a cabo una acción es mejor no intentarlo, ya que las dudas y la vacilación lo estropean todo.

Todos admiran al audaz mientras que nadie honra al tímido.

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